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El 28 de diciembre de 2008 empezó un capítulo nuevo y feliz en la historia de la Iglesia Ortodoxa en América (OCA), ya que fue entronizado Monseñor Jonás (Jonah) como “Arzobispo de Washington D.C. y Nueva York y Metropólita de toda América del Norte.” título que detenta el jerarca de esta Jurisdicción Ortodoxa.


¿Y que hay con eso?¿Donde está la importancia? Que Vladyka Jonás, a diferencia de otros jerarcas de la zona, es converso. Es decir, es un monje gringo absolutamente “Made in USA” que abrazó la Ortodoxía por convicción y no por tradición ni por folklore étnico-familiar.


Biografía

Monseñor nació el 20 de Octubre de 1959 en Chicago con el nombre secular de James Paffhausen y fue criado espiritualmente en la Iglesia Episcopalista. Se convirtió a la Santa Fe Ortodoxa cuando cursaba estudios universitarios. Después de que su ordenación sacerdotal, se hizo monje y luego como abad estableció monasterios en California y Hawai. En noviembre, a la edad temprana de 49 años, fue consagrado obispo de Fort Worth, Texas. Entonces dentro de once días fue elegido Metropólita durante el Concilio Panamericano.

Explicando su conversión en una entrevista, el nuevo Primado de la OCA dijo acerca de la Ortodoxia:

“Es una manera de vivir muy integral, es un estilo de vida, una forma de autoabnegación como un camino hacia mayor satisfacción”.


Desafíos

Ahora Su Beatitud tiene que enfrentarse a las varias dificultades de la OCA, entre ellas un escandaloso informe publicado en septiembre de 2008 en el cual se documenta la desaparición de alrededor de US $4.000.000 en fondos eclesiales bajo los dos anteriores Primados de la OCA: los Metropólitas Herman y Teodosio. Según el informe, las autoridades más altas de la organización han sido cómplices en este asunto desde 1989. Por eso, una de las metas del nuevo Arzobispo Metropolitano es recuperar la confianza pública en la jerarquía eclesial. Como explica en una entrevista:

“La jerarquía de la Iglesia es un papel icónico. Los sacerdotes y especialmente los obispos tienen una responsabilidad más alta en todos los niveles de su vida porque la jerarquía en particular es llamada a manifestar la presencia de Cristo entre la gente. Cuando nos equivocamos, lo cual pasa a menudo y generalmente, el ícono en cierto sentido se rompe. La gente ve debajo del ícono a los hombres rotos y pecaminosos que somos”.

E Pluribus Unum (De muchos Uno)

Su Beatitud también tiene mucho interés en unir las distintas jurisdicciones ortodoxas que existen en los Estados Unidos. Al principio había una sola Iglesia Ortodoxa en el país, administrada por la Iglesia Rusa. No obstante, después de la Revolución Bolchevique, esa Iglesia se desintegró por las demandas de las nuevas comunidades de inmigrantes (griegos, árabes, rusos, rumanos, búlgaros, ucranianos, etc.) y porque Rusia cesó su apoyo financiero. Por eso, ahora en los EE.UU. existe no sólo la OCA, el descendente directo de la primera Iglesia, sino también la Arquidiócesis Ortodoxa Griega de América (la GOARCH perteneciente al Patriarcado ecuménico de Constantinopla), la Arquidiócesis (autocéfala) Cristiana Ortodoxa de Antioquía en Norteamérica, la Iglesia Ortodoxa Rusa del Exterior (ROCOR) etc. Metropólita Jonás piensa algún día unir todas esas organizaciones en la OCA. De hecho, ya ha empezado a hablar de eso con la Iglesia Antioqueña Norteamericana.

Además, el Metropólita piensa seguir difundiendo aún más la Ortodoxía en los EE.UU., donde sigue siendo, en el entorno de la cristiandad, una fe minoritaria. Afirma en cuanto a eso:

“Creemos mucho en el libre albedrío. No se puede arrastrar a la gente al Reino de Dios entre gritos y puntapiés, cuanto quiera que queramos intentarlo. Aunque por lo general no hemos tenido una campaña de alcance muy agresiva, creo que tenemos que mirar varias formas de alcanzar a la población general. Verdaderamente, como se dice en muchos círculos, la Ortodoxia es el secreto mejor escondido de los EE.UU. y es nuestra culpa”.


Según reconoce Monseñor Jonás, una de las formas más importantes de revelar ese secreto tan bien escondido es fomentar el crecimiento de la Hermandad Cristiana Ortodoxa (OCF), la cual establece grupos juveniles en iglesias y universidades. De hecho, durante su primera visita a la Catedral de San Nicolás, el Vladyka pasó casi una hora hablando con jóvenes de varias universidades locales. Durante esa charla, explicó que la OCF es importante porque es de ella que vendrán no sólo los futuros feligreses, sino también los futuros clérigos. Además, indicó la importancia de la fe en el combate contra la desesperanza existencial que aflige a tantos jóvenes hoy en día.


Aunque no pude estar presente, tuve la gran bendición de ser la primera persona con quien habló Su Beatitud personalmente al llegar a la catedral. Cuando oyó que yo había sido miembro del OCF en Georgetown, me preguntó si todavía me involucro en el grupo para asegurarme de que los miembros nuevos hacen lo que deben. Dije, “sí, eso es lo que trato de hacer”. Entonces me mostró su báculo y me dijo, “¿Sabes qué? Nos dicen que no podemos usar esto para golpear a alguien sin sentido, pero no nos dicen que no podemos usarlo para golpear a alguien hasta que queden sin sentido o se les entre un poco de sentido”. Le respondí, mirando al sacerdote que encabeza el OCF de Georgetown, “eso es lo que nos falta”.

Ahí está: un monje joven con principios fuertes y con buen sentido del humor. Es eso lo que nos hacía falta en la OCA.

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